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Anatomía popular de paisas

Autor: Jaime Jaramillo Panesso

Corría el año del no me acuerdo cuando en la antigua Plaza de Cisneros, sitio que hoy ocupa
un monumento a las jeringas y en honor a la penicilina que en ese entorno se usó para
combatir la blenorragia, un puesto de comerciante de verduras tuvo como dueño a un
admirador de la trova. Fiel a su gusto se leía en una cartulina bien cuidada la siguiente:
“Bendito sea Noé/
que le dio la cresta al gallo/
goligotico al caballo, /
y pico al diostedé. /
A la mujer le dio por dónde /
y al hombre le dio con qué.”

La ciudad tenía aún personajes populares que se convertían en el centro de los comentarios de café, en burla de los jóvenes o en aprendizaje colectivo. En muchos pueblos de Antioquia tienen o tuvieron una especie de bufones callejeros, el bobo del pueblo, persona pobre que quizás con un síndrome lo hacía diferente y hazmerreir callejero. Medellín los tuvo, a la par que en el horizonte desfilaban los arrieros y de cerca corría el tranvía. “Cuando yo arriaba mis mulas/ eran más mis emociones: / alzar enaguas pa’rriba/ y de pa’bajo calzones.”



De esos personajes de la calle, uno era mito: Pedro Rimales (en México y España se conoce como Pedro Urdimales) que decía mentiras del tamaño de la catedral metropolitana y cada habitante se inventaba exageraciones o hipérboles atribuidas a Pedro Rimales. Pero de carne y hueso quedó este censo aproximado:
”La Muñeca”, apodo de María Ortega, oriunda de Jardín (Ant.), que enloqueció a raíz de la muerte de su esposo.
Llegó a Medellín y se hizo célebre por los vestidos mañés y vistosos y por sus escándalos amorosos. Jorge Negrete, el actor y cantante mexicano, su héroe y amante platónico. Luego lo cambió por el General Gustavo Rojas Pinilla. “La ancianita vencida se murió sin reproche/ mientras en las canecas recogía la noche”. Así le cantó Jorge Robledo Ortiz.

majija“Majija”, quizás el más gozoso y gozado. Vestía de paisano en el día y en muchas noches de frac para ingresar al Club Unión invitado por algún socio fiestero. Siempre anduvo descalzo debido a una deformación de nacimiento. Su nombre José Antonio Ramírez. No hablaba normalmente ya que lo afectaba el labio leporino.

Cuando un médico le ofreció operarlo, contestó: ”¿Si? ¿Entonces de qué vivo yo?”. Murió en Medellín el 19 de mayo, 1973.
“Guineo”, personaje de Rionegro (Ant.). Su nombre Manuel Santamaría. Se enfurecía cuando alguien le decía su
apodo y comenzaba un rosario de madrazos o hijueputazos. Dicen los chismosos que un día se cayó al río, mientras en la orilla le gritaban “Guineo”. Entonces el obsesivo, cuando se hundía, sacó la mano y les hizo “pistola”. “Cosiaca”, apodo de José García, oriundo de Heliconia. Se caracterizó por vulgar, boquisucio, irónico y escatológico. Iba por diferentes municipios expresando su rechazo a los ricos y los gobiernos. Vestía con ruana y prendas de montañero, siempre descalzo y con sombrero aguadeño. “Masato”, que corresponde al nombre de Manuel José Jaramillo, personaje antioqueño de Titiribí. Dueño de cierto grado de conocimientos como autodidacta, posaba de “filósofo” ante la masa ignorante expresiones de esa índole era la siguiente: ”¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?” Y él mismo contestaba como un maestro: ”El nido”. En la plaza de mercado de Guayaquil o de Cisneros tuvo un espacio comercial o cómoda con un aviso que rezaba:”Tonel de Diógenes”, desde donde esparcía su sabiduría popular.

Decíamos que en esos años del no me acuerdo estos personajes ejercían un doble papel de payasos y de figuras populares. En otros espacios como las tertulias musicales y literarias que existieron desde comienzos de la república, la expresión cultural, más refinada, tuvo respuestas humorísticas e iconoclastas de mucha gracia que compitieron con los arrieros y mineros, sus trovas y con las salidas desentonadas, abruptas e inteligentes de los personajes de la calle nombrados.

Así tenemos a Tartarín Moreira * (Libardo Parra Toro) con su soneto “Al ladrón de mi maleta”, en donde caen rayos, maldiciones, centellas y madrazos bien rimados que le dieron mérito para ser el poema y el poeta coronado en la Cárcel de La Ladera por los enemigos del ladrón de la maleta. Y esta coda final. EL poeta bucólico y maicero, Gregorio Gutiérrez González, escribió con acento dulce y amanerado: “¿Conoces tú/ la flor de batatilla, / la flor sencilla, / la modesta flor?”. Y un guasón anónimo que se encontraba en un bar oyendo tangos, medio iluminado y medio rascado dijo: ”No. Pero conozco/ la flor de iraca, / la flor verraca, / la hijeputa
flor”.

*

AL LADRÓN DE MI MALETA

Al tipo que se alzó con mi maleta
__sujeto jijueputa hasta el cogote__
deseo que lo mate de un rebote
y en pelota, una puta camioneta.
Que le embuta el volante hasta la horqueta
y que a la mierda sus pelotas bote,
para que ese jijueputa, gran puñeta,
a los infiernos se traslade al trote.
Y si su madre vive, vieja zaina,
en un burdel inmundo de Lovaina,
vieja verraca, culipronta, enjuta,
no falte algún cabrón que se lo meta
Y a él le diga en su jedionda geta:
¡Yo me comí a tu madre, jijueputa!

Estos versos los escribió Tartarín ( Libardo Parra Toro) al servíctima del hurto de su equipaje en la antigua estación del Ferrocarril de Antioquia.

LIBARDO PARRA TORO
(15/02/1895 Valparaíso, Antioquia – 01/11/1954 Medellín, Antioquia)
Poeta y periodista Valparaiseño. Firmaba con los seudónimos: Doctor Barrabás y Tartarín Moreira, éste último es con el que usualmente se le conoce. Se cree que es el primer poeta que escribió para que su letra fuera musicalizada y que ganara dinero por ello, por eso sus letras se encuentran en zambas, tangos, bambucos y pasillos que perduran en el tiempo como Mi Ranchito, Embriaguez de Llanto, Amor y Dolor y Mi montañerita. Fue un bohemio reconocido en los cafés de Medellín que trabajaba en cargos de poca categoría para mantener su economía. Escribió para El Correo Liberal, El Heraldo de Antioquia, El Bateo y La Raza, perteneció al grupo de los Panidas. Algunos de sus poemas son Del Hampa, Barrio Triste, Una Noche con León de Greiff en Bolombolo, Dolor sin nombre (escrito después de la muerte de su hijo Humberto). Ganó el premio de poesía ?Laude?.

De JAIME JARAMILLO PANESSO
PINTA BACANA LA DE TARTARÍN MOREYRA (1982)
El autor nos presenta a Libardo Parra Toro que fue un personaje sobresaliente en Medellín hasta 1954, cuando murió. Se vestía finamente con el porte y la elegancia del mismísimo Carlos Gardel. La gente lo creía rico, pero la verdad fue que tuvo que ganarse la vida como todos los mortales y trabajó en oficios muy diversos, el que mas se recuerda es el de detective gracias al episodio ocurrido en la captura de un conocido ladrón.
En todo caso Tartarín Moreyra era antes que nada un poeta y sus amigos eran los intelectuales y bohemios, hizo parte de Los Panidas y escribía para los diarios de la época. Se le recuerda especialmente por las letras de las canciones que componía y que incluso llegaron a ser grabadas en la propia voz de Agustín Magaldi. Para finalizar, en la crónica se reproduce un trozo del pasillo Rosario de besos.