Ormeño Gomez
Por cosas del fútbol tuvo que resignarse con mirar los partidos desde la banca de suplentes hasta 1982, cuando la vida le dio su oportunidad, justo en el momento más crítico del campeonato. El arquero extranjero Carlos Alfredo Gay se lesionó y el morocho de Itagüí saltó a la cancha y no volvió a soltar la titular. Sus compañeros de entonces, Escobar, Ibargüen, Olaechea,
Malásquez y Gildardo Gómez, lo recuerdan como un hombre
trabajador y noble que a pesar de que vivía los partidos con pasión
casi nunca cometía faltas y rara vez se veía involucrado
en peleas y montoneras en la cancha. Lo suyo era jugar fútbol y
evitar goles al estilo A diferencia de José René Higuita, que comenzaba a despuntar, Ormeño no sabía con el balón en los pies y resolvía las jugadas difíciles reventándolo contra la tribuna. Su fortaleza, lo tenía claro, estaba debajo de los palos del arco, donde volaba con facilidad, no obstante los 84 kilos de pesos y los 1.85 de estatura. En 1985 fue convocado por Gabriel Ochoa Uribe, técnico del América
y de la Selección Colombia, para que fuera suplente de Pedro Antonio
Zapa Jordán. De nuevo, la vida premió su madurez y disciplina
y, ante la lesión del titular, Ormeño terminó jugando
los partidos de la serie clasificatoria, donde no obstante la eliminación |