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! EL AGUARDIENTE DE CAÑA !

! EL AGUARDIENTE DE CAÑA !, sirva pues el primero Doña Misiá…
Dicen las «malas lenguas» que en épocas precolombinas los indios americanos eran grandes consumidores de «Chicha» la cual obtenían del maíz fermentado; cuando «en esas», llegó Colón «con todo su batallón» y trajo la caña de azúcar, la panela y la miel y con eso elaboraron un licor al que llamaron «Guarapo», que todavía se consigue por «ai».
Y cuenta Don José Antonio Benítez que la primera fábrica de licores fue fundada en 1787 la cual se llamó «Real Fábrica de Aguardiente» y que este inmediatamente se volvió de un consumo gigantesco por lo que los gobernantes no tardaron en «clavarle» un impuesto que resultó muy importante para las finanzas públicas.

El Aguardiente, «guarilaque», «guaro» o «embellecedor» como también se le llama, se volvió entonces un monopolio del estado y aparecieron los licores artesanales prohibidos (o «chiviados») a los que se les llamó «Tapetusa » o «Chirrinche».

Modernamente, la primera FLA se localizó en el centro de Medellín (en «Carúpano», Sucre x La Alameda, Colombia), luego estuvo hasta 1971 en «El Zacatín» (en San Juan antes de llegar al Parque del Barrio La América) y ahora está en jurisdicción del Municipio de Itagüí con planes de traslado al Municipio de Barbosa.

La FLA produce licores de muy alta calidad y de exportación (aguardientes, rones, «Brandy», «Vodka», etc).; hasta no hace mucho las rentas de la FLA constituían el 70% del presupuesto del Departamento y lo que es más importaste, ya forma parte del alma colombiana y antioqueña, consumido legítimo y con moderación para amenizar fiestas, paseos y serenatas paisas.

Y forma parte también del segundo himno de Colombia: «SOY COLOMBIANO» cuando éste dice…
«A mi deme un aguardiente, un aguardiente de caña,
de la caña de mis valles y el anís de mis montañas…»; así que,
«El primero con agua, el segundo sin agua y el tercero COMO AGUA !!!»