El encanto de decir NO

Por Oscar Dominguez / Columnas Otraparte, El Tiempo, sábadio ag. 1/2020
Es hora de hablar del encanto de los noes en tiempo de Coronavirus I: Varios meses después frente al pelotón de fusilamiento de la pandemia, confieso que NO tengo alzhéimer sino “alpiste”, una mezcla de alzhéimer con despiste, según el mamo caucano Gustavo Wilches.NO estoy de siquiatra por el encierro. Pero felicité estruendosamente en su reciente cumpleaños a uno buenísimo, Alfredo de los Ríos. Hay que mantener las barbas en remojo. (Ojalá esté en la prepagada).
NO es mía esta frase: Deja de preocuparte: nadie sale de este mundo con vida (Clive James, escritor australiano).

NO integro la lista de los 83 millonarios que pidieron pagar más impuestos a fin de dar una mano en la crisis. Pediré el ingreso porque soy millonario en tiempo libre, glóbulos rojos y espermatozoides.

“No, no y no”, como en el bolero famoso, le habría respondido al presidente de México en caso de que me hubiera preguntado si debía ayudarle a sumar votos en noviembre al enemigo público número uno de los inmigrantes, empezando por sus ninguneados paisanos.

Me debato entre el NO mentir del padre Astete y el NO dejar morir el arte de mentir, de Mark Twain. Creo que un novelista que produjo viejos amigos recuperados como Tom Sawyer y Huck Finn mata curita. Como NO quiero engordar ni envejecer, NO me miro al espejo y me ahorro cirujano plástico o, mínimo, médico de la EPS.

Si a mis contrarios de la era del C-19 NO les gustan mis principios se los cambio por otros, diría con mi gurú Groucho Marx (en el dibujo). NO me veo como soldado raso de la revolución de las canas que encabeza del exministro Hommes quien debería aprovechar para releer los ladrillos que produjo como ministro de hacienda. De paso se puede engullir también los de sus antecesores y sucesores.(Liquidados esos textos puede pedir cita con el médico del tercer párrafo).

Otro jefe dela logia de los “pájaros dormidos”, Humberto de la Calle, puede dedicarse a escribir poemas nadaístas para el olvido y a extirpar gerundios vitandos y adverbios terminados en mente que se filtraron en los textos salidos de los acuerdos de La Habana. NO exagero si afirmo que el hombre antes, en y después de la pandemia sigue sin inventar, como los celulares.

NO. Esa fue mi escueta respuesta cuando me preguntaron en un formulario para ingresar a Estados Unidos si he sido traficante de drogas, prostituta o proxeneta. Nunca realizaré oficios que suenan tan mal al oído. Y pude entrar a USA, of course. Señor: NO más pandemias para demostrar que tienes la sartén por el mango.

Ñapa
El encanto de decir no (1)
No sé manejar carro, no sé cocinar, no entiendo la teoría de la relatividad de Einstein, no he ido a Disneylandia pero tampoco pienso volver, no debo plata, no sé sanscrito, no me gusta el sushi.
No le tengo bronca a la vida, no celebro mi cumpleaños, «no tengo quejas de la ternura», no sé mucho de música clásica pero sí algo de la Sonora Matancera, no tengo pedazos del avión en el que se mató Gardel, no he tenido la casa por cárcel ni la cárcel por cárcel, no pienso ser el más melancólico del cementerio, no toco guitarra ni canto en las fiestas. No cuento chistes.

No me sé todas las estrofas del himno nacional y las que sé no las entiendo, no he hecho cruceros, no he escrito cuentos ni novelas, no me he ganado ningún premio de nada, no he habilitado química, física y trigonometría de sexto de bachillerato. No leo los trinos de Trump.

No me ha faltado un carajo, es más, diría que me ha sobrado. No he dejado los vicios, estos me han ido dejando a mí. No peleché como estudiante de periodismo en la U. de Antioquia y me tocó volarme de la casa para no graduarme de Bon Brill, no fui payaso, titiritero, mago o maquinista de tren, destinos que soñaba de niño.

No sé dónde me habría metido si algún amor platónico como Brigitte Bardot o Marilyn Monroe me hubieran dicho que sí, no entendí nunca el misterio de la Santísima Trinidad. No me diga más.
“No se puede torcer el destino como débil varilla de estaño”.

No me perdí la llegada del gringo a la luna, no me traman la reencarnación ni el mar que me los pueden dar en plata, no he sido lo suficientemente agradecido con las personas que me han dado una mano.
Dizque periodista, no les hice preguntas a Borges, García Márquez, el médico nobel Christian Barnard, Jimmy Carter y Ronald Reagan, las veces que me topé con ellos.

No fui capaz de ganarle en una simultáneas al excampeón mundial de ajedrez, Boris Spassky, no he usado Medicasp, no compro nada por internet, no me gusta hacer cola, no creo en las rebajas descomunales que ofrecen, no sé si tales “gangas” son aprobadas antes por autoridad competente. Deberían.

No soy monedita de oro pa gustarle a todo el mundo, no manejo wasap (por favor, parceros, no insistan), y no estaré vivo para cubrir la noticia del fin del mundo. No les quito más tiempo. (Estas líneas fueron escritas antes de la pandemia y publicadas en El Tiempo. El día menos pensado aparecerá la segunda parte, escrita en plena pandemia)

Por Oscar Dominguez / Columnas Otraparte, El Tiempo, sábadio ag. 1/2020

(Visited 23 times, 1 visits today)

Originally posted on 3 agosto, 2020 @ 9:14 pm

Previous Post

Tola y maruja No nos consta

Next Post

ELOGIO DE LA EMPANADA