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El encanto de decir no

 

No sé manejar carro, no sé cocinar, no entiendo la teoría de la relatividad de Einstein, no he ido a Disneylandia pero tampoco pienso volver, no debo plata, no sé sanscrito, no me gusta el sushi.
No le tengo bronca a la vida, no celebro mi cumpleaños,
«no tengo quejas de la ternura», no sé mucho de música clásica pero sí algo de la Sonora Matancera, no tengo pedazos del avión en el que se mató Gardel, no he tenido la casa por cárcel ni la cárcel por cárcel, no pienso ser el más melancólico del cementerio, no toco guitarra ni canto en las fiestas. No cuento chistes.
No me sé todas las estrofas del himno nacional y las que sé no las entiendo, no he hecho cruceros, no he escrito cuentos ni novelas, no me he ganado ningún premio de nada, no he habilitado química, física y trigonometría de sexto de bachillerato. No leo los trinos de Trump.
No me ha faltado un carajo, es más, diría que me ha sobrado. No he dejado los vicios, estos me han ido dejando a mí.
No peleché como estudiante de periodismo en la U. de Antioquia y me tocó volarme de la casa para no graduarme de Bon Brill, no fui payaso, titiritero, mago o maquinista de tren, destinos que soñaba de niño.
No sé dónde me habría metido si algún amor platónico como Brigitte Bardot o Marilyn Monroe me hubieran dicho que sí, no entendí nunca el misterio de la Santísima Trinidad. No me diga más.
“No se puede torcer el destino como débil varilla de estaño”.
No soy caricaturista pero Alvaro Montoya Gomez, Alfin, dibujó el mono que acompaña estas líneas.
No me perdí la llegada del gringo a la luna, no me traman la reencarnación ni el mar que me los pueden dar en plata, no he sido lo suficientemente agradecido con las personas que me han dado una mano.
Dizque periodista, no les hice preguntas a Borges, García Márquez, el médico nobel Christian Barnard, Jimmy Carter y Ronald Reagan, las veces que me topé con ellos.
No fui capaz de ganarle en una simultáneas al excampeón mundial de ajedrez, Boris Spassky, no he usado Medicasp, no compro nada por internet, no me gusta hacer cola, no creo en las rebajas descomunales que ofrecen, no sé si tales “gangas” son aprobadas antes por autoridad competente. Deberían.
No soy monedita de oro pa gustarle a todo el mundo, no manejo wasap (por favor, parceros, no insistan), y no estaré vivo para cubrir la noticia del fin del mundo. No les quito más tiempo.

Oscar Dominguez