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Nombres que cuentan la historia de los barrios de Medellín

En la ciudad hay sectores con nombres extraños y desconocidos para muchos. Todos tienen su ‘cuento’.

Por:  VANESSA RESTREPO B. Redactora ETCE MEDELLÍN |

Panorámica del sector nororiental de la ciudad, vista desde la parte alta de Carambolas. Barrio que nació en medio de cafetales, vecino de Manantiales y Santo Domingo.

Foto: David Sánchez / EL TIEMPO

Panorámica del sector nororiental de la ciudad, vista desde la parte alta de Carambolas. Barrio que nació en medio de cafetales, vecino de Manantiales y Santo Domingo.

Que las calles de Medellín tengan nombres, antes que números, es un asunto que ni la ley ha podido cambiar.

Aunque en 1934 un decreto obligó a ponerle un número en cada calle y carrera, ningún nombre desapareció. Como resultado, hoy cualquier paisa sabe llegar a El Palo y casi todos deben preguntar dónde queda la carrera 45, que es la misma.

Pero hay una gran diferencia entre que un sector se llame Doce de Octubre (en honor al día de la raza) o que se llame La Maruchenga, especialmente si nadie sabe lo que significa esa palabra.

“Muchos barrios tomaron sus nombres de las cosas que había cerca. El significado se perdió y por eso hoy resultan curiosos. El problema es que cambiarlos es aún más difícil: hay trámites legales que impiden hacerlo de la noche a la mañana”, explica Humberto Zapata, líder comunal de Bello.

En algunos barrios el ‘bautizo’ corre por cuenta de los primeros pobladores que diferenciaban su sector del de los vecinos, según las cosas que tenía.

Así, hay sectores como ‘naranjal’ -por cuenta de los cultivos de la fruta en la montaña-, o laureles, por la abundancia del enorme árbol en el occidente.

En el centro de la ciudad, en plena carrera El Palo, se levantó un edificio circular que los comerciantes del setor llamaron El Huevo. Así nació el cruce de El Palo con El Huevo, que suscita toda clase de chistes.

En muchos de esos barrios, con nombres curiosos, la historia se perdió y jóvenes como Camila, que estudia en Medellín, prefiere decir que vive en el barrio París que confesar que su casa queda en La Maruchenga y que no tiene ni idea de qué significa ese nombre.

A Barrio Bolsa nadie le quiere cambiar el nombre

Hace 50 años que Darío Cano llegó, de la mano de su padre, a un basurero en la parte alta de Belén. Detrás de la montaña de desechos, su padre despejó un terreno y con las tejas y adobes que le regalaron en la fábrica donde trabajaba, construyó una casa para la familia.

“Acá todo el mundo botaba de todo. Animales muertos, chatarra, basura. En las tardes venteaba mucho y las bolsas se elevaban y se enredaban con todo. Ahí comenzaron a llamar a esto el Barrio Bolsa”, recuerda Darío.

Hace 50 años se fundó en Belén el Barrio Bolsa.

El nombre trascendió con los años y nadie, hasta ahora, ha emprendido acciones para cambiarlo.

Para Darío es agradable, pues le recuerda su niñez: “en las noches el mejor juego era coger las bolsas, prenderles ‘candela’ y ver las llamas de colores, según el material de la bolsa”.

Hace un par de décadas, el alcalde de turno ordenó recoger la montaña de basura. En el terreno se construyó la Institución Educativa Alcaldía de Medellín y llegaron más pobladores a Barrio Bolsa.

Hoy son cuatro cuadras comunicadas por callejones por los que apenas pasa un carro.

Alrededor aparecieron unidades residenciales, parques y colegios. “Ya no es lo que era, pero de aquí no nos vamos”, dicen tres hombres que juegan cartas en una esquina, mientras esperan que un niño les lleve gaseosas y pan.

‘En Pablo Escobar se vive en paz’

Mientras se fuma un cigarrillo, Delia Rosa Tobón recuerda -con una gran sonrisa- el día que llegó a la que hace 30 años es su casa. “Yo vivía en el basurero de Moravia. Allá llegaron los muchachos que trabajaban con Pablo Escobar, pidieron papeles del DAS y comprobantes de que no tuviéramos casa y dijeron que nos darían una”.

Como ella, 450 mujeres y sus familias empacaron las pocas pertenencias que tenían, las subieron a unas volquetas enviadas por el extinto narcotraficante, y llegaron al barrio ‘Medellín Sin Tugurios’.

“El nombre no nos gustó. Y como estábamos agradecidos con Pablo, le pusimos el nombre en honor a él”, dice Ana Judith Orrego.

Su nombre hace eco en los 16.000 habitantes que conforman el barrio Pablo Escobar, que él fundó en la ladera oriental.

Aunque media ciudad ha estado en contra del nombre, los vecinos decidieron aclarar la polémica pintando mural con el rostro de Escobar al lado de la vía de acceso.

La Maruchenga ‘no es a lo que suena’

Recordar el nombre de este barrio es más fácil que llegar. O al menos así lo era en 1977, cuando Soledad Rojas buscaba un hogar para su familia y terminó caminando por una vereda de Bello, en los límites con Medellín.

A ella le pareció extraño el nombre, pero le encantó el precio de las casas y decidió quedarse. “Cuentan los que ya vivían en esas casitas que todo esto estaba rodeado de una planta llamada Marucha. En la zona solo había una tienda y ese era el punto de encuentro: los hombres decían ‘vamos a tomar guarito donde las maruchas’. A las meseras de la tienda las dejaron así, y el barrio terminó siendo una ‘maruchenga’”, recuerda Soledad.

El barrio La maruchenga está comprendido por varios barrios. Los que son: Salvador Allende y José Antonio Galán.

Con los años la vereda pasó a ser un barrio organizado; los vecinos lideraron colectas, visitas a políticos y hasta a narcotraficantes, y al final tuvieron lo que buscaban: aceras, servicios públicos, iglesia, colegio y centro de salud.

“Alguna vez surgió la propuesta de cambiar el nombre por La Esperanza, que sonaba mejor, pero ya había uno así en Castilla”, cuenta Humberto Zapata, quien desde hace 50 años vive en el barrio.

Hace unas semanas se inauguró un nuevo centro médico. Algunos propusieron cambiarle el nombre pero el letrero ya estaba listo: hoy está el Centro de Salud La Maruchenga.

María Cano cambió por su nombre por el de Carambolas

El barrio Carambolas nació en medio de cafetales en la zona nororiental de Medellín. Yurany Quintero llegó hace 20 años y recuerda que su familia tuvo que caminar 20 minutos desde el barrio Santo Domingo para llegar hasta la loma donde construyeron su casa.

“Aquí había unas tres casas y cafetales. La zona se llamaba María Cano”. En menos de una década el barrio se constituyó legalmente y de la nada, el nombre cambió por Carambolas.

Según los recuerdos de Yurany y su familia, el nombre surgió por el gusto de los hombres del barrio por el billar. “Eran muy buenos y hacían carambolas. Y cuando eso pasaba gritaban ¡carambolas!”. Pero los vecinos no están de acuerdo.

En la casa de los Jaramillo dicen que fue por los deslizamientos de tierra en la parte alta de la montaña, que hoy está poblada. “Las piedras caían y sonaban como carambolas”, gritan desde el fondo de la casa.

Para no tener disputas, el barrio figura como María Cano Carambolas. “Al final eso no importa. Usted le dice a un taxista ‘vamos a Carambolas’ y llega. A nosotros lo que nos alegra es que hoy vivimos en paz”.

VANESSA RESTREPO B.
Redactora ETCE