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Andrés Orozco: El milagro de Manrique

Por Pacho Escobar

Este paisa, venido del barrio Manrique, acaba de dirigir la Orquesta Filarmónica de Berlín, quizá la mejor del mundo. Esta es su historia.

Cuando terminó de sonar la Cuarta Sinfonía de Bruckner interpretada por la Orquesta Sinfónica de Viena, el colombiano Andrés Orozco dio la vuelta hacia el público, temblando quizá del cansancio quizá de la adrenalina, por protocolo hizo la respectiva venia mientras caía una borrasca de aplausos. Pensaba que estaba soñando. Pensaba que ese había sido el mejor día de su vida. Pero lo mejor estaba por estallar. En el periódico más respetado por la crítica de la música de Austria, apareció un titular que lo encumbraría como uno de los mejores directores de orquesta del mundo, el titulo rezaba: Andres Orozco, El Milagro de Viena.

Pero bastante trabajo le costó llegar allí. Eran los años ochenta y en Colombia los niños no estaban acostumbrados a escuchar chelos sino las balas y las bombas de Pablo Escobar. Mucho más en el barrio Manrique de Medellín, donde Andrés habría de pasar sus primeros años de infancia. Su mamá, al ver el peligro que había en las calles lo inscribió en el Instituto Musical Diego Echavarría, donde el niño con apenas cinco años de edad comenzó a tocar el violín. En plena formación se dio cuenta que le gustaba más el rol de director de orquesta que el de músico. Cuando su profesor les ponía a ver los vídeos de Bernstein y Karajan, el pequeño Andrés lo único que hacía era imitarlos.


Foto: Getty

Un día, el profesor de Historia de la Música, al ver que el muchacho opacaba los vídeos y se convertía en el centro de atracción de los demás estudiantes, se le paró enfrente y le dijo: “Andrés, basta. Como te encanta hacer las veces de director, mañana tú vas a dirigir el ensamble de cuerda de la Orquesta de Cámara del instituto”. Era una broma del profesor quien pensó que lo iba a intimidar, pero al contrario, lo entusiasmó. Al día siguiente Andrés madrugó, se puso la mejor ropa que tenía, llegó antes que todos sus compañeros, tomó la batuta y esperó a su maestro. El adulto dejó que el chico hiciera el ensayo de Las sinfonías de Salzburgo, una pequeña obra de Mozart, y quedó tan impresionado que lo único que atinó a decir fue: “De ahora en adelante tu diriges la orquesta”. Andrés Orozco apenas tenía 15 años.

Desde aquella época en su cabeza se le metió que si quería ser todo un profesional en la materia, tenía que irse a vivir a Viena, cuna de la música clásica. Llegada la adolescencia no dejaba de soñar despierto y se veía dirigiendo en la resplandeciente sala dorada del Musikverein, teatro por el que han pasado los más grandes compositores del planeta desde 1860. Aunque su familia no padecía de alguna escases económica los recursos no alcanzaban para enviarlo al costoso continente europeo. Obstinado, comenzó a ahorrar para su pasaje de ida con la grata coincidencia que cuatro de sus compañeros de la universidad también tenían el mismo propósito. Perseverante, sin siquiera haber terminado la carrera de música no lo dudó más y se fue a forjar su futuro, porque Andrés siempre ha sido un hombre de hacer y no de decir.

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A la capital de Austria llegó en marzo de 1997, nunca se olvidará que estaba nevando. Se instaló en un pequeño apartamento junto a sus tres coterráneos con los cuales se empezaron a repartir los gastos de arriendo, alimentación y servicios. Tenían una ventaja: la universidad en ese país es gratuita. Sus primeros meses los dividió haciendo diferentes trabajos además de estudiar el idioma para realizar el examen de ingreso a la Universidad de Música y Arte Dramático de Viena. Quería salir de ahí con la dignidad de director de orquesta. Lo más difícil no fue comer solo atún y pan sino aprender alemán. Pero el esfuerzo se premia, a comienzos de 1998 fue aceptado en el prestigioso claustro educativo, dos años más tarde ya era invitado a dirigir reconocidas orquestas, mientras que sus vacaciones de verano en Colombia eran pagas por universidades privadas para que dictara clases en sus aulas.

En el año 2001 apareció una noticia grande en los corrillos del arte vienes, la Orquesta de la Universidad Técnica buscaba director. Trémulo, el colombiano se presentó, realizó cada uno de los ciclos y ganó. Subido en el avión de la victoria se dedicó a recorrer toda Europa, logró grabar varios discos y consolidarse en la escena musical de aquel país. En el año 2003 fue nombrado director asistente de la gran Orquesta Sinfónica de Viena, trabajo en el que se encumbró un año más tarde en aquel episodio inolvidable donde se le denominó El milagro de Viena. Y es que tal parece que todo cuanto allí ocurrió fue mágico: faltando dos días para el gran concierto del año, el director titular, el maestro Heinz Wallberg se enfermó. De modo que reunidos en una especie de sala de crisis el gerente del teatro junto a la manager de la orquesta empezaron a barajar nombres para el remplazo y no dudaron en llamar a Andres Orozco Estrada. De lo que si dudaban era si el muchacho, con apenas 27 años de edad, era capaz de medírsele al reto. No hubo momento de meditarlo, tanto así que el colombiano tuvo que salir corriendo a la tienda de partituras para comprar y estudiar las obras que iban a presentar. Fue su debut y la catapulta al estrellato.


Foto: AP

Pero en su historia hubo otro remplazo de gran calado. La escena ocurrió en el otoño del año 2010, esta vez con la reconocida Filarmónica de Viena. El maestro Riccardo Muti no podía presentarse de tal suerte que las directivas llamaron al colombiano. Curiosamente aquel día se pararía frente a la orquesta que había visto de niño en videos dirigida por los renombrados Karajan y Bernstein, justamente en el atril del brillante teatro de Musikverein. El sueño se había cumplido pero con bastante sudor y lágrimas en su recorrido. Apenas iba a cumplir 33 años.

Llegaría, entonces, el llamado a dirigir la Orquesta Sinfónica de Houston, donde empezó como director invitado para luego ser contratado como director titular donde firmó un contrato por cinco años, además de grabar un disco con las sinfonías de Antonín Dvořák. Todo indica que el colombiano Andrés Orozco Estrada no tiene techo, en su más reciente concierto acaba de dirigir nada más y nada menos que a la Filarmónica de Berlín donde salió aplaudido después de presentar un programa con Strauss, Rachmaninov y Shostakovich, sus ídolos.

Fuente:
wradio.com.co